miércoles, 5 de septiembre de 2007

Sueldo ético: bella teoría con muchas palabras

Sin dudas que este tema ha marcado las diferentes agendas de los distintos poderes y grupos que están dentro del juego del poder en nuestro largo y angosto país. No pasa inadvertido que este llamado de la Iglesia a que las empresas paguen un sueldo digno a cada trabajador. Como pudimos notar en los distintos recortes de prensa, las reacciones fueron de aprobación como de total rechazo, como el enérgico ‘no tiene idea de economía’ de la senadora UDI, Evelyn Mathei.

Sin embargo, el sueldo ético ya está puesto en la mesa y son muchos los que buscan adueñarse de éste término. No faltaron los oportunistas políticos como personajes de izquierda o movimientos sindicales que aducían sentirse llamados y representados por este comunicado episcopal, para luchar con todas sus fuerzas por esta causa. Otro punto es que este tema en la Iglesia no es reciente sino que desde a principios del siglo 20, se ha convocado a los sectores a mejorar los puntos de desigualdad o abuso laboral a través de las distintas encíclicas. Por lo tanto, no se le podría acusar de ‘lo que es del césar al césar…’.

Con todo lo anterior resalta la pregunta si es factible que el salario ético se haga realidad tal como muchos quisieran por ejemplo a través de una ley o norma inquebrantable para las supuesta empresas explotadoras neoliberales o solo va a quedar en las mentes de nuestra idiosincrasia como una bella teoría que busca terminar con la brecha de desigualdad social fuera de nuestro buen pasar económico.

A mi juicio ronda un pesimismo con que esto pueda llevarse a la práctica, ya que siguiendo la práctica económica nacional esto traería consigo efectos negativos para el tan anhelado desarrollo. Todo esto si lo ponemos en el caso que se haga realidad como proyecto de ley, que es tan requerido por políticos anti-modelo y la CUT por ejemplo.

Primero, las pymes no pueden competir con grandes empresas de retail si ponemos un caso, ya que muchas con suerte pagan el sueldo mínimo. En todo caso si es necesario llevar este tema como dijo el obispo Goic, a grandes empresas transnacionales (que son algunas como las multitiendas), que no pagan sueldos que corresponden a las grandes cantidades de horas trabajados. Es por eso que esto no puede ser vinculante, sino que debe ser materia pensativa para aquellas empresas que lo puedan hacer. No obstante, también muchas de estas empresas contribuyen cada mes a bajar las cifras de desempleo, por lo que el sueldo ético no sería factible.

Segundo, es que según un estudio de los investigadores Andrés Marinakis y Jacobo Velasco, de la Oficina Internacional del Trabajo en Chile, dice que ‘‘cuando los salarios mínimos se han incrementado con un fin redistributivo, han causado mayor inflación y fomentado la informalidad. Disminuye el empleo, porque el empleador sustituye al trabajador por capital, y perjudica en particular a las personas no calificadas y jóvenes, y a la pequeña empresa’’.

Marinakis no tiene antecedentes de "sueldos éticos" que se practiquen en otros países. Y cree que la propuesta de Goic -y la del senador Pablo Longueira sobre un salario mínimo sugerido de $216 mil- se enmarca en la debilidad de la negociación colectiva en Chile.

Es por eso que al ver razones empíricas del sueldo ético pronostico que este tema en el futuro no es factible hacerlo vinculante para los distintos tipos de empresa. Sin embargo, es una bella teoría con muchas palabras que puede servir para algunos ejecutivos o empresarios explotadores (que en algún rincón de Chile todavía deben sobrevivir) tomen conciencia y lleven a la práctica algunas mejoras salariales. La ética no es algo obligatoria requiere voluntad en las personas o grupos, y si hay voluntad también puede unírseles una acción que podría ser importante para terminar con las inequidades sociales. Es importante destacar que hay muchos empresarios o empresas, como los Bancos o el recién muerto Anacleto Angelini que con responsabilidad social, han contribuido a esta tarea. Quizás no fue el obispo Goic, sino que fue un llamado hecho mucho antes a principios del siglo 20.