Nuevo paradero de mi barrio: Más vale micro a mano, qué…
Qué entre las calles, Simón Bolívar y Montegro, exista un paradero de Transantiago es una novedad. Por primera vez en este sector, Ñuñoa, tiene el privilegio de estar considerado en el mapa de la locomoción colectiva. Incluso genera en el área, una suerte de exaltación en las personas. No falta los comentarios de dueñas de casas, ‘nanas’, obreros de la construcción y los cuello-corbata de clase media aclamando: ‘Porfin tenemos locomoción cerca’, ‘taba chato de caminar tanto’, ‘alguna vez que se acuerden de la clase media, que piensa qué por vivir en Ñuñoa somos cuicos’,etc.
Debido a esto concurrí al paradero antes citado y noté ciertos rasgos que describen la otra cara de la moneda. De partida no era una estación que denostara modernidad y limpieza como las que vemos a diario en televisión o calles principales como Irrarázabal. Este era sólo un cartel con un recorrido, donde no había ni siquiera, esos fierros oxidados que se ocupaban antiguamente en las estaciones para sentarse. Ahí los escolares solían pegar los chicles recién degustados o dibujar las palabras: ‘Walt Disney’. Por eso estaban obligados a acomodarse en el cemento o tierra para esperar su micro.
Otro rasgo era la cantidad de colillas botadas, con lo que uno presupone que la espera es intensa, lenta y la única solución para no estresarse es el tan codiciado pucho.
Como conclusión sobre el nuevo paradero del Transantiago, ubicado en mi barrio, puedo decir que prefiero a que exista uno, aunque sea uno de los más rascas de Ñuñoa, a que tengamos que caminar las largas y tediosas cuadras de campo de antes. Por eso, ‘Más vale micro a mano, qué cien volando’ en el próximo paradero de mi barrio ubicado a dos kilómetros.
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